Ahora habiendo descansado un poco ustedes de mis escritos y yo de las tareas del señor Troncoso, podemos continuar con lo que habíamos adelantado en el post anterior: la arqueología como ciencia política.
No se trata de pensar a la arqueología como una de las tantas políticas públicas implementada por Don Piñi…o quizás es precisamente de eso de lo que se trata, vamos a ver:
La arqueología como ciencia new age, al poderse interpretar de distintas maneras (ya obviando la discusión sobre qué interpretación es la más correcta porque, siendo bastante conservadores al respecto, lo que más lograríamos serian algunas interpretaciones mas correctas que otras, pero jamás una sola interpretación correcta como en la nueva arqueología), estas interpretaciones también pueden ser utilizadas para diversos fines.
Esto no es nuevo ni propio de las arqueologías interpretativas (de ahí su nombre), desde que existe la arqueología y, aun más, desde que existe el interés del hombre por el pasado con la historia, ésta se ha utilizado para fines políticos en cuanto a esconder o resaltar (o incluso crear) ciertos aspectos del pasado para tal o cual objetivo; lo que pasa es que con esta nueva corriente arqueológica, este fin político de la arqueología se hace más patente.
Así nos muestra el magistral trabajo de Hodder en Catalhoyuk, lugar en Turquía, en el que la investigación de un sitio arqueológico había producido tremendos cambios a nivel político, económico y social, que lo central ya ni siquiera estaba puesto en la investigación científica en si misma (quizás nunca lo estuvo), sino que más bien en los beneficios económicos, políticos y sociales que podía aportar esa investigación y ese pasado. Tanto así, que la imagen de una diosa pre-islámica, que contradecía todas las ideas religiosas y morales de la sociedad islámica (estaba desnuda, promovía el status de la mujer, etc) fue adoptada por los lugareños e incluso por los políticos conservadores para mejorar el turismo y, con ello, la economía local.
El texto de Hodder finaliza, diciendo que la investigación del sitio de Catalhoyuk fue subida a la web para que distintas personas, en base a los datos expuestos en la página, pudieran dar distintas interpretaciones, siendo la máxima expresión de lo que la arqueología postprocesual pudiera representar.
De esta forma, podemos decir que el rol que la arqueología ha jugado, y juega dentro de la sociedad ha sido de vital importancia y no se limita a una ciencia que busca conocer el pasado del hombre sin más (ni aun en los tiempos de la más dura nueva arqueología), sino que ese “conocer el pasado”, es mas bien un “construir el pasado” y por tanto el presente de la humanidad. Como dice Hodder, el pasado no se interpreta solo, la cerámica no salta a las manos del arqueólogo y se clasifica, sino que el pasado se busca y construye.
Entonces, podríamos decir que hacer arqueología no es precisamente ponerse un sombrero de alas y buscar cálices, pero tampoco podemos decir que es analizar momias y restos materiales en un laboratorio y hacer un programa televisivo para Natgeo (como muchos pensábamos al entrar a la carrera), sino que hacer arqueología es, fundamentalmente construir un pasado y un presente, es construir discursos sobre identidades (y nótese que no es solo descubrir identidades, sino que construirlas). Hacer arqueología, en el fondo, es hacer hablar a la cultura material a cerca de nuestro pasado, pero muchas veces (en realidad siempre, pero para que ser tan categóricas) no escuchamos pasivamente lo que los objetos nos tienen que decir, sino que más bien hacemos que digan lo que nosotros queremos escuchar.
Finalmente, para no desalentarlos ni desmotivar a cerca de los instructivos programas ni de las peliculas de la televisión por cable, debemos agregar que si bien la arqueología es re-construir (una y otra y otra y otra vez) el pasado y el presente, para lograrlo, muchas veces tenemos que hacer trabajos como los que aparecen en esos maravillosos programas y, si tenemos suerte (y espíritu aventurero), podemos lanzarnos por el mundo en busca de míticos objetos perdidos con un sombrero engrapado a la cabeza (aunque probablemente ni los arqueólogos mas interpretativos-new age como Shanks y Tilley nos tomen mucho en cuenta).
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